Siempre es una palabra demasiado grande para ser pronunciada sin trascendencia alguna. Solo una vez dije siempre y aún hoy sigue pasándome factura.
Muchas veces decimos las cosas a lo loco, sin pensar. Dejándonos llevar por el momento, o quizás por una pasión que nos invade el alma en ese momento. Nunca he creído en esas personas que dicen te quiero porque sí, que lo dicen sin pensar en lo que eso conlleva, en la carga emocional que un te quiero lleva consigo.
Dicen que los sentimientos se demuestran y en ocasiones no es necesario nombrarlos, hace ya tiempo que escribí un pequeño texto a una persona donde le decía, que al contrario de lo que opina mi profesor de antropología, hay veces en las que los sentimientos no pueden ser definidos por unas cuantas palabras.
Hay muchas personas que sienten y jamás lo dicen pero sí lo demuestran, y también hay personas que se pasan la vida haciéndonos creer que nos quieren e incluso que nos aman y su comportamiento dista mucho de lo que su boca afirma.
Conozco gente que nunca ha dicho lo que siente aún deseándolo por encima de cualquier otra cosa. Yo misma me he visto obligada a callar durante años, condicionada por miles de factores. Es en estos casos cuando se crea un lenguaje "especial", un lenguaje que solo entiende quien nosotros queremos que entienda.
Un juego de miradas, un juego de caricias y un juego de palabras.
Aprender a decir te quiero con los ojos y saber interpretarlo en los ojos de otra persona. Entender el significado de una caricia en la espalda o la lectura de una frase determinada en el contexto adecuado.
Me gustan las personas transparentes, esas que te miran y sus ojos te cuentan absolutamente todo. Personas sin dobleces, sin trasfondos oscuros y sin partes ocultas. Es cierto que todos cargamos con cosas de las cuales nos arrepentimos o simplemente queremos que sean solo nuestras, pero en estas ocasiones se sabe expresar hasta donde quieres que alguien llegue dentro de ti. Todos conocemos hasta donde dejaríamos que bucearan en nuestros recuerdos o nuestro pasado, y al igual que lo sabemos de nosotros mismos, sabemos cuando debemos callar o no juzgar a quien está empezando a incomodarse.
Sin perder el hilo de lo que hablaba, "en una mirada sabrá todo lo que he callado", esta frase resume a la perfección lo que he querido explicar y a lo que tanto tiempo llevo dando vueltas.
Acompaño el texto con una fotografía que me encanta y con un vídeo que también me encanta.
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